Timbre fantasma 2

En mi casa tocan el timbre. La fachada es latón rayado con spray. Ya nos robaron una vez. El sonido que avisa suena fuerte. Puede hacerme saltar -cuando pienso en otra cosa-. Aparecen testigos de Jehová a veces. Vagabundos otras. Por supuesto, amigos, aunque esté la regla que nadie parece tomar en serio de comunicar las invitaciones. 

Así, suena. He visto autos con vidrios polarizados desaparecer en instantes y también cabros en bicicleta que tocan y pasan de largo. No están jugando al rin rin raja en realidad, si no verifican que haya alguien al interior. 

Estaba yo sentado. Tal como ahora, quizá escribiendo, quizá leyendo. Suena el timbre. Me sobresalto. Tomo el tubo de cobre que mantengo en mi pieza. Antes de acercarme a abrir miro con sigilio por una abertura. Veo ruedas de bicicletas y un jockey, el resto no se identifica. En vez de abrir por la puerta lo hago por el portón. Rápido. 

Mi mira atónito el goma de los maleantes. Acelera en dirección contraria. Lo persigo. Trata de bajar por Kennedy. Se resbala en el pasto mojado. Cae. Rebota en la autopista y pasa un Range Rover y cataplum. 

Adolescente menos. Yo observo a la distancia. No me sonrío, pero el rayado en el metal se ve más opaco.


Timbre fantasma

Suena. Repetidas veces. Una y otra vez.

Salgo, al frío invernal a revisar. Ya nos entraron a robar una vez. El timbre me pone nervioso.


Antes y después del robo hubo una seguidilla de toques fantasmas.

Salía a revisar, pero no había nadie.

Comenzaron los mitos. Autos con vidrios polarizados, rápido ciclista joven, gorda señora con cara de nada.


Entonces cuando se repite aparecen todos ellos juntos; una gorda con cara de nada subiendo su bicicleta a un 4x4 con vidrios polarizados.


Pero salgo y no hay nadie. Es el puro trauma aunque no sé que tan puro.



Levantando polvo


Estábamos pala en mano moviendo y distribuyendo cerros de ceniza tras la erupción del Volcán Calbuco. Un espectáculo impresionante.

Eran tipo 3 de la tarde. Y por ahí alguno se le ocurre el efecto rememorativo de estar con pala moviendo tierra, cavando, una tumba.

Y salió un gato a medio enterrar muerto a mordiscos por sobrevivientes de la catástrofe.

Y es que todo se veía gris y desiértico. Inhóspito. Sin vida. El mejor ejemplo de que sucedería de caer el apocalipsis. Pues bien, ahí estábamos una tropa de voluntarios comentando disparates en caso de ser un protagonista del fin.